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LAS
BIBLIOTECAS CENTRALES DE COMUNIDADES AUTÓNOMAS DEL ESTADO
ESPAÑOL. SU COLECCIÓN DE MATERIALES
Juan José Fuentes Romero
Universidad de A Coruña
Resumen: A
partir de un intento de clarificación del concepto y realidad
de las aquí llamadas Bibliotecas Centrales de Comunidades
Autónomas, en el Estado español, se presentan las
líneas generales en cuanto a la planificación del
desarrollo de la colección, sus elementos integrantes, los
materiales, la cuestión del Depósito Legal, la conservación
y el expurgo.
Palabras clave: bibliotecas nacionales, colección
de materiales, planificación de bibliotecas.
Abstract: Study on the denomination and chacteristics of
the Central librarles of the Spanish Autonomous Communities, with
a special focus en the collection planning.
Key words: national libraries, materials collection,
library planning.
1 Introducción
Parece conveniente, para empezar, el dejar claro qué
queremos decir cuando hablamos de Biblioteca Central de Comunidad
Autónoma.
Podríamos señalar, de entrada, que nos referimos a
aquellas bibliotecas que, en cada Comunidad Autónoma del
Estado español, desarrollan unas misiones que, en mayor o
menor medida, son -o debieran ser- equiparables, en su entorno,
a las de una Biblioteca Nacional.
La cuestión, y ello se comprenderá fácilmente,
se presenta compleja.
Si, por una parte, hay ciertas semejanzas entre esta nueva tipología
bibliotecaria y las tradicionalmente llamadas Bibliotecas Nacionales,
evidente resulta que también existen enormes diferencias;
no obstante, estos nuevos centros que han aparecido en el panorama
bibliotecario y cultural español deben, con toda justicia,
englobarse dentro del dominio de las Bibliotecas Nacionales.
A los efectos de este artículo, y sin entrar en mayores profundidades,
utilizaremos la denominación de Biblioteca Central de Comunidad
Autónoma (en adelante, BCC).
2 Biblioteca
Nacional y Centro del Sistema Nacional Bibliotecario
Complejo resulta definir qué sea una Biblioteca Nacional,
de modo que Lino (1) afirma: "Resulta fácil pensar en
la Biblioteca Nacional como una categoría bien establecida
de bibliotecas que ocupan una posición similar y desarrollan
similares papeles en la mayoría, si no en todos, los países.
No obstante las Bibliotecas Nacionales son extraordinariamente difíciles
de definir y presentan una gran variedad en su tamaño, naturaleza
y funciones, y no sólo eso, sino que no existe una clara
línea divisoria entre la planificación de una Biblioteca
Nacional y la planificación nacional de bibliotecas, de modo
que en los diversos países diversas bibliotecas pueden estar
desempeñando en mayor o menor medida el papel de la Biblioteca
Nacional"
Goodrum (2) al tratar el tema de las Bibliotecas Nacionales, propone
dividir la enorme cantidad de ellas existente en tres grandes categorías.
La primera generación, de la que señala unos veinte
ejemplos, comprende las Bibliotecas Nacionales tradicionales y clásicas
en las que automáticamente pensamos cuando usamos este término
en el dominio de los estudios de biblioteconomía. Aparecieron
antes del siglo xvm y sus ejemplos conspicuos podían ser
las Bibliotecas Nacionales de España, Francia, Reino Unido,
etc.
Su fundación deriva de las grandes bibliotecas reales o también
de grandes colecciones privadas. Mediante el privilegio del Depósito
Legal han desarrollado amplísimas colecciones de la literatura
nacional, produciendo a partir de ellas las bibliografías
nacionales y los catálogos colectivos; asimismo, son estas
bibliotecas las encargadas de establecer las normas bibliográficas
nacionales. Suelen ser los más importantes centros para la
investigación bibliográfica del país.
La segunda generación de Bibliotecas Nacionales se extiende
desde el período post?napoleónico a la segunda guerra
mundial y engloba unos cincuenta ejemplos. Aunque parten de los
modelos de la primera generación, tanto los desastres históricos
como la competencia expansiva de las bibliotecas universitarias
y públicas hizo que este grupo se autolimitara en su actuación
y desarrollara sólo algunas funciones nacionales, principalmente
en lo referido a la acumulación, en forma impresa, de la
historia y de las realizaciones de la nación.
Goodrum, asimismo, subdivide este grupo en otros tres, el grupo
latinoamericano, con espléndidos edificios pero inadecuados
recursos; el grupo de las bibliotecas de Canadá, Australia
y Nueva Zelanda que comienzan bien unidas a los gobiernos o como
apoyo a sus parlamentos y, en tercer lugar, el grupo tipificado
por Suiza, Israel y Alemania que se ha adecuado perfectamente a
la competencia con otras importantes bibliotecas del país.
La tercera generación de estas Bibliotecas Nacionales está
compuesta por las bibliotecas fundadas desde el final de la segunda
guerra mundial. Son radicalmente diferentes en sus objetivos, dado
que este tipo de bibliotecas son esencialmente cabeceras de redes
provinciales o locales, con la misión de integrar un sistema.
Funcionan normalmente como centros de formación bibliotecaria,
prestan libros y mantienen la bibliografía nacional.
No obstante todo lo expuesto, Goodrum mantiene que existen diferencias
entre una Biblioteca Nacional y el Centro Nacional del Sistema Bibliotecario.
Para Wilson (3) una Biblioteca Nacional es la que está legalmente
constituida como tal y mantiene:
- El archivo impreso nacional con la ayuda del Depósito Legal
- La bibliografía nacional
- Una importante colección de literatura extrajera
- El intercambio oficial y Depósito Legal de publicaciones
- La participación en las normas bibliográficas internacionales.
Frente a estas funciones de una Biblioteca Nacional, al Centro del
Sistema Bibliotecario y de Información, siguiendo también
a Wilson, le corresponderían las funciones siguientes:
1. Legislación de los servicios y de las normas para los
diversos sectores bibliotecarios y de información.
2. Planificación y colocación de recursos respecto
a todas las bibliotecas financiadas con fondos públicos:
universitarias, gubernamentales y de investigación, públicas
y escolares; asimismo, podría corresponderle a este centro
la organización y dirección como sistema de uno o
más de estos tipos de bibliotecas.
3. Desarrollo de redes cooperativas de recursos, incluyendo el préstamo,
que necesariamente tienen un carácter formal cuando están
basadas en las nuevas tecnologías de la información,
en las telecomunicaciones o en cualquier otro sistema que implique
gran cantidad de recursos.
4. Servicios de catalogación y otros servicios bibliográficos.
5. Mantenimiento de un saludable nivel profesional, tanto en lo
referente al estatus de las asociaciones profesionales, como respecto
a la cualificación, al reciclaje técnico y a las condiciones
del servicio.
6. Promoción de un saludable comercio del libro y de la industria
de la información que implique a las editoriales, a las librerías
y a las empresas proveedoras de bases de datos para las redes electrónicas.
7. Establecimiento de enlaces con servicios comerciales bibliográficos
y de recuperación de la información, a menudo ubicados
fuera del país.
8. Relación con la normativa de telecomunicación y
automatización del país.
9. Provisión de fondos para la investigación y el
desarrollo.
10. Integración de la planificación del Sistema Bibliotecario
y de Información con los objetivos -sociales, educacionales,
culturales y económicos- de la comunidad y con los correspondientes
a la comunidad informativa en su sentido más amplio (los
medios de comunicación de masas).
Habría que decir, respecto a esta exhaustiva relación
de las competencias que corresponderían al Centro Nacional
del Sistema Bibliotecario y de Información, que tiene ciertos
visos de ser más un desiderátum que algo factible,
pues no parece que, en ningún país de nuestro entorno
cultural, exista realmente un centro que, tal como se requiere en
el punto 2, se encargue de la planificación de absolutamente
todos los subsistemas bibliotecarios (lectura pública, bibliotecas
universitarias, etc.); por otra parte, algunos de los puntos señalados
más serían competencias propias de la Biblioteca Nacional
que de este centro, tales como el punto 4 (catalogación y
servicios bibliográficos), el 7 (enlaces con servicios comerciales
y bibliográficos, incluso de fuera del país) y el
8 (normativa de telecomunicación y automatización
del país).
Es importante reseñar estas cuestiones que, aunque en Wilson
están planteadas de manera puramente teórica, conducen,
cuando eso se da en la realidad, a una cierta confusión entre
los roles que deben desarrollar cada tipo de centro a los que nos
estamos refiriendo.
3 Las Bibliotecas
Centrales de Comunidades Autónomas
Si partimos de los tres tipos de Bibliotecas Nacionales de los que
habla Goodrum, veremos que, en cuanto a las características
que se dan en las BCC, aparecen algunas notas específicas
propias de una Biblioteca Nacional, aunque también es cierto
que faltan otras.
En primer lugar. y ello es más que evidente, las BCC del
Estado español no representan a un Estado; es decir, pueden
tener la conceptualización de "Nacional", pero
su ámbito de competencias no va más allá de
la Comunidad Autónoma correspondiente; la cuestión
que conlleva el uso o no uso del calificativo "nacional"
en este caso, como se comprenderá fácilmente, es de
índole política, en modo alguno bibliotecaria, y surge
del entendimiento de que Nación y Estado sean, o no, términos
equiparables. Tema éste, obvio es, que en modo alguno corresponde
a los límites y alcances del presente artículo.
Ahora bien, y este es el segundo punto que tomamos en consideración,
no es menos cierto que, dentro de sus respectivas Comunidades, cumplen
algunas funciones que, de suyo, son características propias
de lo que tradicionalmente se ha venido entendiendo como "Biblioteca
Nacional".
Sin excepción, en todas las BCC se señalan una serie
de competencias que vamos a comentar y, para las cuales, pueden
servirnos de modelo las recogidas en la Ley 8/1986 (4) de Bibliotecas
de Aragón que, en su artículo 5, cita las siguientes:
"Recoger, conservar y difundir toda creación impresa,
sonora, visual de Aragón y de los autores aragoneses producida
en la Comunidad Autónoma o que hagan referencia a ella. A
tal fin, recibirá, al menos, un ejemplar de las obras sujetas
a depósito legal, en la forma que reglamentariamente se determine.
Ser depositaria de los fondos bibliográficos que sean donados
o entregados en depósito a la Administración.
Elaborar y difundir la información bibliográfica sobre
la producción editorial aragonesa.
Elaborar, en colaboración con el resto de las bibliotecas
del sistema, el Catálogo Colectivo y las formas de consulta
del mismo.
Establecer relaciones de colaboración e intercambio con otros
sistemas bibliotecarios nacionales o extranjeros (5)".
Si analizamos, siquiera sea brevemente, estos puntos, veremos que
se corresponden totalmente con las características propias
y esenciales de una Biblioteca Nacional de corte tradicional; es
decir, podemos afirmar con pleno convencimiento y absoluta propiedad
en lo que estamos diciendo, que nos encontramos ante una nueva tipología
de bibliotecas que, con independencia de que requieran o no para
sí el calificativo de "nacional", tanto por su
estructuración como por las funciones que ha de realizar
son verdaderamente Bibliotecas Nacionales en el ámbito de
sus respectivas Comunidades.
Paralelamente al esquema que propone Wilson de separación
entre las Bibliotecas Nacionales y los Centros Nacionales del Sistema
Bibliotecario, (diferenciación ésta que, en
la práctica, resulta ser la más operativa) en las
diversas Comunidades Autónomas se ha tendido a un modelo
semejante, de modo que existe una dualidad entre la "Biblioteca
Nacional" y el "Centro Nacional del Sistema Bibliotecario
y de Información", con independencia del nombre concreto
que reciba este centro en el organigrama bibliotecario de cada Comunidad
Autónoma, de modo que, siguiendo con el ejemplo de Aragón
(que, sin excesivas variantes, se repite en las demás Comunidades
Autónomas) en el Decreto 202/1998 de dicha Comunidad se establece
que, dentro del Departamento de Educación y Cultura, se crea
el Servicio del Libro y Bibliotecas, al que corresponde la gestión
de las competencias del Departamento en materia de investigación,
depósito, creación, mantenimiento, promoción,
publicación y difusión del patrimonio documental y
bibliográfico contenido en cualquier tipo de soporte gráfico
y audiovisual: la política del libro y la creación
literaria; la atención de las Bibliotecas Provinciales...
y de las Bibliotecas Municipales integradas en la Red Bibliotecaria
de la Comunidad Autónoma de Aragón, así como
de la Biblioteca de Aragón con los fondos netamente aragoneses
integrados en el Instituto Bibliográfico Aragonés.
Nos encontramos, pues, ante una estructura bimembre en la cual el
Centro Nacional del Sistema Bibliotecario y de Información
(sea cual sea, repetimos, el nombre que este centro reciba en cada
Comunidad Autónoma) ejerce las competencias puramente administrativas
y de gestión referidas a todo el Sistema Bibliotecario, mientras
a la Biblioteca Central (sea cual sea, también, el nombre
que reciba) le corresponden las competencias propias y específicas
de una Biblioteca Nacional; en el caso de Aragón, y aquí
sí se producen diferencias nominales o conceptuales con otras
Autonomías españolas, de la Biblioteca Central depende
el Instituto Bibliográfico Aragonés.
4 Características
y fines de su colección de materiales
Hasta aquí hemos tratado de dilucidar (y más bien
diríamos "plantear" la cuestión) referente
a la denominación de estos centros; hemos señalado
los caracteres esenciales que competen a una Biblioteca Nacional,
viendo que, sin forzar excesivamente la cuestión, los más
importantes de ellos se dan en las Bibliotecas Centrales de Autonomías
y, finalmente, hemos tratado el tema de la dualidad que plantea
la existencia de un Centro Administrativo y de Gestión y,
dependiente de éste, la Biblioteca Nacional en sí
misma.
Ahora vamos a ceñirnos a la Biblioteca Central de Comunidad
Autónoma en sí misma, a tratar de ver su papel en
una sociedad en que los cambios de toda índole (políticos,
sociales, económicos, tecnológicos...) no son rápidos,
sino vertiginosos.
Como punto de partida, podríamos asumir y aplicar a las BCC
el principio básico que Morholt (6) establece para cualquier
biblioteca actual, con independencia de su tipología: "Las
tecnologías de redes y de recursos distribuidos de información,
los programas adecuados para establecer vínculos entre recursos
de información y el movimiento hacia sistemas cinemáticos
e interactivos van a cambiar lo que son las bibliotecas y lo que
los bibliotecarios hacen. Necesitamos planificar el cambio, de modo
que se ponga el énfasis en que, de ser conservadores de libros,
debemos llegar a ser quienes guíen a través del universo
del conocimiento"
Partiendo, obviamente, de Ranganathan, Gorman (7) ha enunciado sus
cinco nuevas leyes de la Biblioteconomía, que de hecho no
consisten sino en una puesta al día de las leyes del bibliotecario
hindú; estas leyes son:
1. Las bibliotecas sirven a la humanidad.
2. Respetan todas las formas mediante las cuales se comunica el
pensamiento.
3. Usan las tecnologías inteligentemente para mejorar sus
servicios.
4. Protegen el libre acceso al conocimiento.
5. Honran el pasado y crean el futuro.
Evidentemente. se trata de una relación de principios aplicables
a cualquier biblioteca de hoy día, pero tal vez dichos principios
son excepcionalmente aplicables a las Bibliotecas Centrales de Comunidad;
pensemos, sin entrar en mayores profundidades, en todo lo que implica
el punto 5: "Honran el pasado y crean el futuro", y decimos
esto porque, si hay un tipo de bibliotecas que de suyo pueda desarrollarlo,
éste es, sin duda, el que engloba a las Bibliotecas Nacionales,
sea cual sea el grupo en que queramos incardinarlas o la tipología
a la que estimemos que pertenecen.
Concurren en las BCC, por una parte, la obligación de conservar
los soportes que conlleven información (en el más
extenso sentido de la palabra) respecto a su Comunidad, pero esa
conservación sólo es lógicamente válida
si sirve para la difusión.
Esto, que es algo tópico y esencial en el ser de cualquier
biblioteca, se ve en estos días complicado por la avalancha
de cambios que se está produciendo; en este sentido, Me Gowan
(8) señala una serie de tendencias, tales como:
1. La naturaleza cambiante del usuario de la biblioteca, como resultado
de las nuevas posibilidades de acceso remoto y de la mejora en la
entrega de documentos.
2. La tecnología de las comunicaciones, que favorece la posibilidad
de compartir recursos ?la "biblioteca global en la aldea global"?,
aunque en este caso, Mac Gowan cita a Line (9) quien llama la atención
sobre cómo esta tecnología, a su vez, puede llevar
a un proceso creciente de competición.
3. El inicio del proceso de fusión de la recuperación
de información bibliográfica relativa a un documento
con el acceso al documento electrónico en sí mismo,
señalándose diversos experimentos que permiten que
la información esté electrónicamente disponible.
4. La continua discusión acerca de la conversión retrospectiva
de catálogos.
5. La necesidad de revisar la legislación que cubre el Depósito
Legal de los nuevos medios, así como la referente al derecho
de copia.
Se trata ahora de un cambio tan absoluto que la cuestión
esencial, afirma Betten (10), no es ya "qué ofrecemos",
sino "cómo lo ofrecemos", afirmación ésta,
qué duda cabe, de hondas resonancias macluhanianas, de modo
que tal vez tengamos que admitir definitivamente que "el medio
es el mensaje" (I I).
Como cualquier otro tipo de bibliotecas, las BCC deben adaptarse
a unos nuevos comportamientos en el almacenamiento, uso y difusión
de la información, así como al tratamiento específico
de los nuevos formatos; en este sentido, resulta esclarecedor el
planteamiento que de esta cuestión realiza Brown (12); según
él, en la sociedad se están produciendo actualmente
las siguientes tendencias:
1. Creciente uso de recursos electrónicos y disminución
en el uso de materiales impresos.
2. Creciente interconectividad de los recursos.
3. Creciente número de usuarios de información que
son remotos respecto a las instalaciones de la biblioteca.
4. Crecientes expectativas, por parte de los usuarios remotos, respecto
al acceso a los catálogos en línea, a documentos en
texto completo y a formatos multimedia.
Resulta evidente, y no añadimos nada nuevo, que las BCC han
de replantearse su actuación en general si quieren sobrevivir,
pues el "mercado" al que dirigen sus esfuerzos mira más
hacia un futuro que ya es presente que hacia un pasado que ha concentrado,
hasta ahora, la mayor parte de sus esfuerzos en la conservación,
en el almacenamiento, en la recogida de los materiales todos que,
desde la información, se refieren a su área geográfica
de trabajo.
En modo alguno estamos defendiendo que el almacenamiento y conservación
de materiales deje de ser uno de los objetivos básicos de
este tipo de centros, pues de manera esencial se constituyen en
memoria física y real, que no meramente virtual, de cuanto,
referido a su dominio de trabajo, acontece en el mundo de la información,
del conocimiento, de la creatividad.
La evidencia, pues no otro es el caso, que estamos propugnando se
refiere a los nuevos soportes, a las nuevas vías de acceso
a la información, a las nuevas exigencias y necesidades de
los usuarios, a un planteamiento nuevo respecto, esencial aunque
no exclusivamente, a los criterios de selección, adquisición
y mantenimiento de la colección de materiales.
Siendo como es la colección de materiales un elemento sine
gua non en la mera existencia de cualquier tipo de bibliotecas,
en el caso de las Bibliotecas Nacionales este componente llega a
niveles de importancia muy superiores respecto a las demás.
Se comprenderá que esto que decimos no es ninguna exageración,
si tenemos en cuenta la esencial labor de conservación que,
específicamente, compete a las BCC, lo que las hace tener
unas características tan absolutamente peculiares.
5 Planificación
estratégica de la colección de materiales
5.1 Bases teóricas y objetivos
de la planifcación estratégica de la colección
Para Koontz y Weihrich (13), "la planificación incluye
seleccionar misiones y objetivos y las acciones para alcanzarlos;
requiere tomar decisiones: es decir, seleccionar entre diversos
cursos de acción futuros. Así, la planificación
provee un enfoque racional para lograr los objetivos preseleccionados".
Sabido es que la planificación ha de ser general, es decir,
aplicada a todos y cada uno de los elementos que configuran la vida
y actuación de una organización, pero también,
y de una forma simultánea, particular, lo que implica el
estudio concreto de cada una de las secciones que conforman el organismo
de que se trate.
En nuestro caso, y al tratar de las BCC, hemos de estudiar su planificación
como bibliotecas en su conjunto, pero también la que se refiere
a sus componentes, es decir, aplicada a la cuestión que ahora
tratamos, la planificación de la colección de materiales.
La política de desarrollo de la colección (14) implica
el disponer de una amplia visión de la colección considerada
en sí misma y responde a cuestiones tales cómo ¿cuál
es la misión fundamental de la biblioteca? ¿qué
temas hay que reunir y hasta qué nivel de profundidad? ¿,qué
tipos de soportes hay que incluir en la colección y cuál
ha de ser el balance entre estos soportes? ¿quiénes
son los usuarios de la biblioteca y de qué tipo de materiales
y servicios hay que disponer para hacer frente a sus necesidades?
¿qué relaciones cooperativas hay que establecer con
otras bibliotecas y otros proveedores de información?
La creación de unas normas de desarrollo de la colección
sirve para diversas finalidades:
a) Como una herramienta de planificación para determinar
el uso de los recursos monetarios y de personal.
b) Como una guía de ayuda para que los encargados de la selección
desarrollen las colecciones.
c) Como un medio de asegurar que las colecciones se desarrollan
de manera consistente a través del tiempo y de modo que los
cambios de personal le afecten en la menor medida posible.
d) Como una vía de entrenamiento para los nuevos profesionales
bibliotecarios.
e) Como establecimiento de una filosofía de actuación.
f) Como defensa respecto a ataques referidos a la calidad y cantidad
de materiales que integran la colección.
Ha de ser, obviamente, la sección o departamento de gestión
de la colección de materiales de la BCC quien adapte estos
criterios generales, aplicables a cualquier biblioteca, a las especiales
características de los centros objeto de nuestra atención.
De los diversos objetivos que Buckland y Hindle (15) señalan,
con carácter general, como aplicables a la gestión
de la colección de materiales de un centro (seis, en concreto),
aquí vamos a referirnos a algunos de ellos especialmente
aplicables a las BCC:
1. Amplitud, que no necesariamente se refiere al crecimiento cuantitativo
y acrftico de la colección, sino que puede referirse a que
abarque toda la literatura de calidad. Ello no obstante, resulta
más que evidente que cuando usamos esta idea de "amplitud",
en la mayoría de las bibliotecas se piensa en el crecimiento
cuantitativo, partiendo del conocido (y posiblemente erróneo)
criterio de "cuanto más, mejor".
Aplicado a la colección de materiales de las BCC, el criterio
de amplitud es de esencial importancia, pues nos movemos entre el
objetivo ideal de incorporar a ella cualquier ítem que se
refiera a la Comunidad en cuestión y la realidad de lo imposible
de ese deseo, ya sea por meras carencias presupuestarias o, simplemente.
porque ello requeriría tal cantidad de recursos humanos que
lo haría tácticamente irrealizable.
La cuestión siempre espinosa, y más aún en
centros de las especiales características de los que estamos
estudiando, de los criterios para la selección de materiales
que hay ?o no? que incorporar a la colección de materiales,
se transforma en algo vital, si no queremos acabar organizando monstruos
inmanejables en los que meros e indiscriminados criterios cuantitativos
de crecimiento hagan difícil, por no decir que casi imposible,
el trabajo con una colección en la que la excesiva cantidad
haya ahogado unos mínimos criterios de calidad. Este problema
resulta agravado porque, al tener las Bibliotecas Centrales de Comunidad
Autónoma el carácter de centros donde se debe conservar
?al menos esa es la teoría de la que se parte? toda la producción
documentaria de su Comunidad, se produce un más que evidente
conflicto entre la utopía de conservarlo todo y la realidad
de que, en más ocasiones de las que pueda pensarse, ello
resulte ciertamente imposible, aún cuando esos materiales
se refieran a un área geográfica de suyo no excesivamente
amplia. Disponibilidad. El concepto de disponibilidad fue inventado
para referirse a la diferencia entre teoría y práctica
respecto a la colección considerada en su globalidad, cuando
todos los títulos requeridos están teóricamente
disponibles (sobre todo, teniendo en cuenta la aportación
esencial de las redes telemáticas) pero, en la práctica,
ello resulta obviamente imposible.
Si bien es cierto que Intemet nos puede proporcionar prácticamente
cualquier material que necesitemos para la colección, no
lo es menos que esa misma superabundancia genera una esencial dificultad
para encontrar lo que realmente deseamos, máxime en temas
de suyo tan restringidos como puedan ser los que atañen a
una biblioteca como las que, aquí, son el objeto de nuestra
atención.
5.2 Criterios
de planificación estratégica de la colección
Como criterios generales de esa planificación estratégica
aplicada a la colección de materiales de las BCC podríamos
señalar, entre otros, y adaptándolos a las especiales
características de nuestros centros, los establecidos por
la Biblioteca Nacional de Australia (16); son los siguientes:
1. Aumentar en el mayor grado posible el alcance y uso de la información
basada en entornos electrónicos.
2. Destacar el esencial carácter de estos centros como proveedores
de recursos de información y de servicios para la investigación
en todo lo que se refiere al patrimonio bibliográfico y documentario
de la Comunidad en cuestión.
3. Desarrollar un activo programa para coleccionar y conservar cualquier
tipo de material documentario que se refiera a la Comunidad.
4. Asegurarse de que la BCC es el centro principal y puntero en
la recogida de materiales, tanto en formato papel como electrónico,
en cuanto a cualquier tema que se refiera a su Comunidad. Esto habrá
de llevarse a cabo mediante la identificación y evaluación
de nuevas fuentes de información en cualquier formato y mediante
el desarrollo continuo de un activo programa de adquisiciones que
los haga disponibles; ello supone tener muy en cuenta los costes,
el almacenamiento, la preservación, la accesibilidad y las
preferencias de los usuarios al establecer las colecciones, los
recursos de información y las necesidades de equipamiento.
5. Asegurarse de que las normas para el desarrollo de la colección
son especialmente sensibles a los temas de importancia básica
en cada Comunidad (los vinos, en la Rioja; la moda, en Galicia;
la agricultura hortícola y frutera en Murcia, cte.) de modo
que dichas áreas temáticas constituyan auténticos
puntos focales de atención.
6. Apoyar, mediante el desarrollo de la colección, los aspectos
nuevos y punteros de la Comunidad en lo que se refiere a sus principales
y emergentes líneas de estrategia económica, social,
cte.
7. Asegurar que la política de desarrollo de la colección
incorpora los tópicos relativos a las minorías raciales,
culturales, cte. (Los vaqueiros de alzada en Asturias, los chuetas
mallorquines, los gitanos ?de quiénes resulta obvio señalar
su enorme y continua aportación a la cultura española?,
establecidos en prácticamente toda España, cte.).
de modo que la colección refleje la diversidad cultural y
vital de la Comunidad en cuestión.
8. Participar, junto con otras instituciones culturales del área
geográfica específica (grandes bibliotecas públicas,
sistema de bibliotecas universitarias, cte.) en el establecimiento
de estrategias cooperativas para el desarrollo de la colección.
de modo que ello refleje un creciente interés más
en la accesibilidad a los materiales que en su mera posesión.
9. Desarrollar un sistema cooperativo que haga posible las más
fácil accesibilidad de las bibliotecas públicas de
la zona, con independencia total de su ubicación geográfica.
10. Desarrollar un sistema de cooperación electrónica
con los principales sistemas de información de la Comunidad,
especialmente con los que se refieren a las bibliotecas públicas
y universitarias, sin excluir las más importantes bibliotecas
especializadas.
11. Contribuir al desarrollo de esquemas cooperativos que permitan
compartir experiencias y racionalizar el desarrollo de las colecciones,
muy especialmente en lo que se refiere al patrimonio bibliográfico.
5.3 Desarrollo
de la planificación estratégica de la colección
Como elemental punto de partida habría que señalar
que la planificación no ha de ser, en modo alguno, la labor
de un director de bibliotecas actuando aisladamente, ni siquiera
si lo hace contando con su equipo interno de colaboradores del centro;
el grupo de trabajo que para ello se constituya, durante un período
mínimo de seis meses, en los cuales tendrán varias
reuniones. habrá de contar con la colaboración e implicación
directa de las más importantes bibliotecas de su Comunidad;
ese grupo redactará un borrador que servirá como punto
de partida para el debate y discusión de los diversos grupos
que posteriormente se constituirán y que tendrán una
base temática, según las variadas materias y formatos
que van a ser los núcleos fundamentales de la colección;
lejos ya los tiempos en que un más o menos inspirado y afortunado
director de la BCC era el único que establecía los
criterios básicos para la constitución de la colección.
Estos grupos de trabajo, a los que podríamos denominar "grupos
temáticos", desarrollarán los criterios referentes
a materias y formatos específicos en los que debe incidir
especialmente la colección y contarán entre ellos
a cualificadas bibliotecarias y bibliotecarios de bibliotecas públicas,
pero sin obviar la presencia en ellos de otras y otros procedentes
de las más importantes bibliotecas universitarias y especializadas
de la Comunidad.
En la elaboración de este documento base para el desarrollo
de la colección de la Biblioteca Central de la Comunidad
también habría que contar con la participación
de las asociaciones de bibliotecarias y bibliotecarios de la Comunidad
y, si existen, con los centros universitarios que se dedican a la
formación de los futuros profesionales del sector.
Si en una primera fase un grupo ha elaborado un documento de carácter
generalista, que luego ha sido completado por los grupos temáticos
a los que hemos hecho mención, en una tercera fase, y como
consecuencia lógica de las dos anteriores, aparece un documento,
ya más profundo y elaborado, que debe circular entre todos
los profesionales de este sector en la Comunidad que quieran implicarse
en ello; en esta fase, estos profesionales harán cuantas
sugerencias estimen oportunas al documento que se les presenta,
de modo que el documento final resultante constituirá una
verdadera normativa para el más eficaz y eficiente desarrollo
de la colección.
El cumplimiento acertado de cada una de estas fases nos proporcionará
un documento final que, al menos en teoría, debe responder
a los diversos puntos de vista de los profesionales bibliotecarios
de la Comunidad, resultando de ello no sólo lo que en ese
momento parece más factible, sino que, al contar con toda
una gama diversa de profesionales bibliotecarios que han participado
en su elaboración, de modo que sólo se haya excluido
a quien no haya deseado participar, dará como consecuencia
colateral y muy positiva el que todas las bibliotecarias y bibliotecarios
de la Comunidad se sientan realmente relacionados con la BCC, con
sus problemas y con las soluciones pertinentes.
No obstante lo expuesto respecto a la formación de los grupos
que deberían encargarse de la planificación de criterios
para constituir y desarrollar la colección de materiales,
autores hay que, como Dowlin (17), se muestran en desacuerdo con
este proceso "tradicional", podríamos decir, de
formación de dichos grupos de trabajo, afirmando al respecto:
"Más que la selección de títulos mediante
el proceso tradicional centrado en un comité, la decisión
debería conllevar la selección de vendedores y editores
y a partir de ahí tener la información publicada por
ellos en cada año. Este enfoque proporcionaría muchas
posibilidades de negociación y eliminaría grandes
cantidades de trabajo innecesario".
5.4 Evolución,
control y evaluación del plan estratégico del desarrollo
de la colección
Incidirnos, en primer lugar, en la idea de que nos estamos refiriendo
a la evolución, control y evaluación del plan estratégico
en sí mismo considerado y no a dichas cuestiones aplicadas
a la colección propiamente dicha; es decir, analizamos la
estructura de acción, no aquel elemento sobre el que dicha
estructura va a desarrollar su trabajo.
Resulta evidente que el desarrollo de las normas que se hayan propuesto
debe estar sujeto a constantes y continuos ajustes, pues inexorablemente
se van a producir cambios en los niveles presupuestarios de que
se parta (ya sean cambios positivos, al alza, o negativos, lo más
probable, en las cuantías presupuestarias con que teóricamente
se cuenta en las fases de iniciación).
Junto a los cambios de raíz económica, presupuestaria,
están los cambios en el nivel organizativo, en las estructuras
de trabajo y. unidos a ellos, los cambios en los materiales propiamente
dichos, cambios éstos a la orden del día, ya sea por
la aparición de nuevos formatos, por el influjo de la información
que llega por vía telemática, cte.
Además de los cambios que proceden de las circunstancias
económicas, de la esfera organizativa y de los referentes
a los materiales en sí mismos considerados, hay que referirse
a aquellos otros que tienen su raíz en los usuarios, en sus
también mutables necesidades de servicios, en lo que realmente
esperan obtener de las BCC.
Si en un principio el usuario tipo, modelo podríamos decir,
de las BCC es el investigador, el profesor, el erudito, ete., esta
tipología está cambiando a marchas forzadas, de modo
que las BCC deben estar al tanto de una nueva tipología de
usuarios mucho más diversa y, por tanto, con un abanico de
necesidades y deseos muchos más multiforme y heterogéneo.
Para hacer frente a todas estas nuevas circunstancias las BCC deben
adoptar una actitud no meramente reactiva, sino esencialmente proactiva,
de modo que sean capaces de captar los nuevos aires y tendencias
que se van a producir para, con los datos necesarios, ser capaces
de hacerles frente de manera eficaz y eficiente.
Todo ello implica, necesariamente, que la planificación estratégica
básica de la que hayamos partido al elaborar las normas de
desarrollo de la colección debe estar continuamente sometida
a control y evaluación; desde este enfoque considerada, la
planificación de la colección, al igual que cualquier
otro tipo de planificación, ha de ser dinámica; en
un mundo como éste, tan sometido a constantes cambios de
todas clases, de nada serviría una planificación que,
por mucho tiempo que haya tardado en ser puesta en marcha, no sea
capaz, asimismo, de saber adaptarse a las nuevas circunstancias
que van a ir apareciendo.
De todos estos cambios señalados, los dos más importantes,
con diferencia, son los que se refieren a las nuevas vías
de acceso a la información y, junto a éstos, los que
atañen a los usuarios
A estas alturas resulta ya un tópico. inevitable por otra
parte, referirse a la revolución en los modos de acceso a
la información, pero hay que destacarlo siempre pues, sitas
BCC no se suben ya al carro de las nuevas posibilidades que aparecen
desde la perspectiva tecnológica, acabarán siendo,
no más, especies en extinción, recordables en la historia
del devenir de las bibliotecas, ciertamente, pero escasamente útiles
para lo que las actuales circunstancias requieren.
Este planteamiento del acceso a las nuevas tecnologías en
cualquier biblioteca actual, sea del tipo que sea, no es sólo.
cómo se comprenderá. el adecuado para adaptarse a
lo que los tiempos actuales requieren, sino que lleva implícito
todo un nuevo enfoque de la cuestión desde una perspectiva
netamente política; de este modo, como ejemplo ?uno entre
mil? del nuevo análisis de la cuestión, pueden servirnos
las palabras del premier británico Tony Blair cuando dice:
"Las autopistas de la información no deberían
beneficiar sólo a los pudientes o a los habitantes de la
ciudad. De la misma manera que en el pasado los libros supusieron
una oportunidad para que la gente corriente se mejorara a sí
misma, en el futuro la educación en línea será
un camino para las nuevas expectativas. Pero de la misma manera
que los libros están disponibles en las bibliotecas, los
beneficios de las autopistas de la información deben estar
allí al alcance de todos. Esto supone una posibilidad real
en la igualdad de oportunidades" (18).
Unido a esto, el atender al nuevo tipo de usuario que surge cuando
la información ya no es la meramente presencial en el centro
y mediante el soporte gmenbergiano, el viejo y amado papel cuya
vida Dios guarde para siempre; ahora, las BCC deberán saber
?lo saben ya?. que la colección no sólo es real, en
papel, también es virtual, está en la Red, se puede
comprar su posesión real o sólo el acceso a ella,
y eso implica el replantearse totalmente qué servicios están
en disposición de ofrecer y para qué tipo de usuarios
en concreto.
Conclusión de lo que estamos diciendo es la elaboración
de un adecuado programa de evaluación de ese plan estratégico
de desarrollo de la colección, de modo que esta evaluación
sea inicial, desde el comienzo del trabajo de planificación,
cuando estamos diseñando las bases teóricas que van
a ser su soporte y guía de acción, sea también
evaluación de cómo está funcionando el programa
de planificación, para ver si sigue o se separa y en qué
medida? de las líneas de actuación diseñadas
y, concluyendo, ha de ser también una evaluación finalista,
continua; en tanto se quiera tener una buena planificación
del desarrollo de la colección ello requiere necesariamente
una evaluación periódica que haga frente a las circunstancias
nuevas que se van a ir produciendo.
Planificar, corno es sabido, no es dar unas reglas que nos van a
servir para siempre; es señalar unas vías de acción
lo strficientenrente ágiles y flexibles que nos van a servir
como asidero para poder resolver nuevos problemas; si la colección
es algo vivo, que crece, que cambia atendiendo a nuevas necesidades,
su planificación no puede en modo alguno ser una vía
de acción inmutable. La mejor, si no acaso la única,
manera de contar con la planificación más adecuada,
es una evaluación de ella (19).
6 Los materiales
La primera cuestión, de tipo puramente práctico,
a la que deben atender las BCC se refiere a la enorme y diversa
tipología de materiales que, por la propia naturaleza de
estos centros, deben recoger; si la diversa tipología a la
que hacemos referencia entra dentro del orden de lo cualitativo,
otro tanto podemos decir en cuanto al aspecto cuantitativo de la
colección, pues un atento seguimiento de la siempre problemática
cuestión del Depósito Legal (y posteriormente volveremos,
por su importancia excepcional, a tratar de este tema) conlleva
un aumento a veces exponencial de los materiales que se recogen.
En cuanto a los diversos materiales que recaban para sí la
atención de las BCC citamos. como cosa conocida, los libros
y publicaciones periódicas, los manuscritos, los libros raros
y antiguos, los mapas, las microformas, la documentación
musical, los periódicos, los materiales efímeros,
las publicaciones oficiales, los soportes de historia oral y folklore
y, finalmente, por su excepcional importancia hoy día, las
publicaciones electrónicas.
De esta amplia relación de materiales en la que, cierto es,
se combinan criterios referidos tanto al soporte en sí mismo
(libros) como a su contenido específico (publicaciones oficiales),
pero que hemos mantenido como la más práctica siguiendo
los criterios clasificatorios más aceptados en estas materias,
vamos a comentar, siquiera brevemente, aquéllos que, por
así decir, no suelen ser los más comunes o que plantean
problemas concretos por su especificidad.
Cierto es que, dada la rapidez con que la tecnología ha revolucionado
el almacenamiento, recuperación y entrega de información
en las últimas dos décadas, la cuestión respecto
al formato definitivo de los materiales almacenados debiera ser
superflua; no obstante, no es menos cierto que de momento, y hasta
no sabemos cuándo. los soportes "tradicionales"
van a seguir existiendo, de donde la justificación de dedicarles
una amplia atención.
6.1 Manuscritos,
libros raros y antiguos
Los manuscritos, libros raros y antiguos no suelen constituir un
bloque muy importante de materiales en las BCC, y ello es así
por la lógica razón de que son bibliotecas de muy
reciente creación. Referidos al caso español, este
tipo de materiales constituye colecciones de excepcional importancia
en las bibliotecas de corte tradicional (Biblioteca Nacional de
España, bibliotecas provinciales -donde, cómo es sabido,
el grueso de estas colecciones procede de la Desamortización
de Mendizábal en el siglo XIX-, bibliotecas universitarias
más antiguas, cte.) (20).
En el caso de las BCC resulta casi imposible, por los altísimos
precios de estos materiales y por la dificultad de encontrarlos
para su compra, el que estos centros lleguen a poseer una colección
medianamente interesante lo que, por otra parte, tampoco supone
ningún problema especial, y ello por dos razones:
1. Al existir en todas las Comunidades Autónomas buenas colecciones
de estos materiales, lo que sí ha de proporcionar cada BCC
es la información global de los materiales existentes en
su área geográfica y, en cuanto a esta cuestión,
ello se consigue adecuadamente mediante programas como el Catálogo
Colectivo del Patrimonio Histórico Bibliográfico que,
centralizado en Madrid y en el Ministerio de Educación y
Cultura, proporciona dicha información, como es bien sabido,
a través de la base de datos PABl (21).
2. Un adecuado programa de copia, ya sea de microfilmación
o digitalización, permite tener en cada BCC aquellos ejemplares
que se consideren imprescindibles; esto, que en principio podría
parecer un gasto superfluo, puede resultar en la práctica
enormemente beneficioso para los investigadores de la Comunidad,
ya que, en un primer acercamiento a la obra que necesitan, se les
ahorra el tener que desplazarse para consultar los ejemplares deseados;
únase a esto el hecho evidente de que la digitabzación
normalmente conlleva la puesta en red de los materiales digitalizados.
Lo ideal sería que esta labor de duplicación no se
lleve a cabo de manera aislada y en casos concretos y específicos,
sino obedeciendo a un seriamente planificado programa de actuación
en el que se hayan estudiado todos los factores que inciden en la
cuestión, desde la importancia real de las materiales que
van a ser duplicados a la valoración del programa, sin olvidar
temas de suyo tan importantes como los recursos humanos implicados,
el presupuesto, las posteriores condiciones de ubicación
y conservación de estos materiales, cte.
6.2 Mapas
Bajo la denominación general de "mapas" recogemos,
obviamente, todos los materiales que resultan englobados bajo el
denominador común de "materiales cartográficos".
En la mayoría de BCC estas pueden, y deben, convertirse en
el principal referente de su Comunidad respecto a este tipo de materiales.
Conseguir una buena colección de materiales cartográficos
requiere una adecuada planificación de partida, en la que
se tengan en cuenta cuestiones tales como el presupuesto que se
va a destinar, los proveedores, los recursos humanos.
Conviene no olvidar que las especiales características de
tamaño y formato de estos materiales hace imprescindible
un muy serio estudio de la ubicación que se les va a dar,
de los elementos de mobiliario adecuados y necesarios (armarios
de amplios cajones horizontales, huyendo de los de tipo vertical
en que planos y mapas aparecen "colgados" y que tan difíciles
resultan de manejar); otro tanto hay que decir de la funesta costumbre,
practicada en algunos centros, de conservar estos materiales enrollados
en tubos de cartón, lo que supone que el tiempo se encargará
de que, antes o después, sea imposible desenrollarlos, pues
habrán cogido tal grado de curvatura que, nada más
abrirlos, se cuartean.
A la hora de proceder a la adquisición de estos materiales
se puede acudir a un proveedor normal, ya sea una editorial, una
distribuidora o una librería, pero resulta adecuado tener
en cuenta que comprar directamente a los grandes centros que en
España los producen resulta eficaz y eficiente, es decir,
proporcionan la mejor cartografía y al mejor precio.
Los principales centros que en nuestro país, como es bien
sabido, producen materiales carlográficos (y la relación
que de ellos presentamos en modo alguno pretende ser exhaustiva,
sino meramente orientadora) son el Instituto Geográfico Nacional
(cuya cartografía puede ser adquirida a través del
Centro Nacional de Información Geográfica (22)); el
Servicio Geográfico del Ejército (23) y el Instituto
Hidrográfico de la Marina (24).
Junto con estos centros de carácter estatal, conviene no
olvidar que algunas Comunidades Autónomas poseen centros
similares. Además, a la hora de organizar una completa sección
de materiales cartográficos, tanto las Diputaciones Provinciales
como los ayuntamientos más importantes tienen áreas
dedicadas a la elaboración de planos y mapas, de mayor o
menor alcance, respecto a su territorio.
Si hasta aquí nos hemos referido a la cartografía
"tradicional", es preciso hacer mención de la cartografía
digital, de excepcional importancia para los investigadores. Aunque
su precio es muy superior al de los otros materiales, hoy día
resulta imprescindible en una buena sección de cartografía.
6.3 Microformas
De entrada hay que decir que, aunque parezca que vamos a contracorriente
e ¡á norando los nuevos soportes de transferencia de
información, pensamos que los micromateriales todavía
pueden ejercer un más que útil papel en los centros
objeto de nuestra atención. Hasta ahora han demostrado tener,
con el tratamiento adecuado en cuanto a las circunstancias medioambientales
y de seguridad para su mantenimiento y conservación, unas
aceptables condiciones; únase a ello que su precio, comparado
con el de los nuevos soportes digitales (de los que, por cierto,
casi nada sabemos sobre cuánto van a durar) es netamente
inferior, no tanto en lo tocante al soporte en sí mismo considerado
sino, más aún, en cuanto a los aparatos (hardware)
que requieren, de mucha menos complicación y precio que para
los materiales digitales.
No estamos defendiendo absolutamente. quede bien claro, a unos materiales
sobre los otros; simplemente afirmamos que, hoy por hoy, los micromateriales
pueden seguir siendo, en muchos casos. realmente útiles.
Conviene no olvidar, no obstante, que ni hay ni debe haber ninguna
oposición entre el hecho de microfilmar y la digitalización,
de modo que en los más importantes centros, si las condiciones
económicas lo permiten. la microfilmación suele ser
un primer paso en la digitalización.
La sección de micromateriales, como ya decíamos al
hablar de los manuscritos, puede servirnos muy eficazmente para
poder tener en la colección de materiales todos aquellos
elementos a los que de otra manera nunca podría acceder la
BCC. En cualquier caso, la selección de estos materiales
obliga a usar los mismo criterios restrictivos y de valoración
utilizados cuando se trata de materiales en formato tradicional.
Normalmente, y sin prescindir de otros, el uso más general
de los micromateriales ha sido, junto con la adquisición
de obras en formato original de manuscrito, raro, cte., el referente
a las publicaciones seriadas y periódicas, de modo que mediante
esta sección cualquier BCC puede contar con los más
importantes títulos referidos a su Comunidad.
El principal problema que plantea esta sección, como ya hemos
dicho, es el de su conservación, dependiendo ello en gran
manera de las condiciones de temperatura y humedad que sufran estos
materiales.
6.4 Materiales
efímeros
Englobamos en estas dos palabras lo que las bibliotecas del mundo
anglosajón recogen bajo la etiqueta de "ephemera".
Nos referimos, cierto es, a todos esos materiales (folletos de propaganda,
programas de mano, carteles, cte.) que, en la mayoría de
nuestros centros reciben poca, por no decir ninguna, consideración.
No se vea ninguna crítica en lo que decimos: sobrepasado
totalmente el personal por la avalancha de libros, publicaciones
periódicas, cte., que se reciben en los centros, y unido
ello a una casi sempiterna situación de falta de los recursos
humanos necesarios o adecuados, resulta comprensible que, en el
mejor de los casos, el único tratamiento que reciben estos
materiales no vaya más allá del almacenamiento.
Son, por así decirlo, los "testigos menores" de
la historia; hoy no tienen prácticamente ningún valor,
pero el paso del tiempo irá poniendo sobre ellos, sin duda,
esa pátina de respeto, de veneración casi, que nos
sugieren elementos tales como una entrada para una corrida de toros
de hace un siglo, o el menú de fin de año de una sociedad
pública hace cincuenta años, o la invitación
personal a talo cual ceremonia de una localidad hace de ello décadas
ya, cte.
Tal vez el error, a la hora de organizar y conservar estos materiales,
esté en pretender someterlos al mismo procedimiento de descripción
formal y de contenido que si se tratase de una monografía
o un artículo de revista. Obviamente, no es ese el caso;
hay que arbitrar nuevos procedimientos, entendiendo que las Reglas
de Catalogación y demás torturantes herramientas no
son, en sí mismas consideradas, más que un medio,
y nunca un fin, como a veces parece que se da a entender.
Si para algo deben servirnos las nuevas tecnologías (y he
aquí posiblemente, y esta de mucho mayor gravedad, otra confusión
entre medios y fines) es para liberarnos de los trabajos puramente
rutinarios y para que los bibliotecarios se dediquen en cuerpo y
alma a aquello que debe ser su objetivo primordial: atender a sus
usuarios.
6.5 Historia
oral y folklore
Por tradición o por la desconocida razón que sea,
y a diferencia de lo que sucede en otros ámbitos culturales
distintos al nuestro, la cultura oral no ha recibido en nuestros
centros demasiada atención: ninguna, o casi, por mejor decir.
No se trata de que, de la noche a la mañana, los bibliotecarios
se transformen en antropólogos o historiadores de la cultura
oral, pero creemos sinceramente que si hay un centro que debiera
ocuparse de recoger todo el testimonio vivo de las generaciones,
y ello desde que existen los medios materiales y técnicos
para poder hacerlo, ese centro podría ser la BCC, dado su
carácter de almacén de todo un patrimonio cultural.
Aquí, así lo entendemos, habría que procurar
salir del encorsetamiento a que conduce el pensar que la biblioteca
es el lugar casi exclusivo de lo publicado. ya sea en papel o en
cualquiera de los múltiples soportes nuevos o por venir.
La cultura oral, tan rica en un país como España,
se pierde día a día porque los nuevos modos del vivir
hacen que otras maneras de entender la vida, mejores o peores pues
ello no viene al caso, estén desapareciendo. El ejemplo de
otros países está en que el centro que, de suyo, se
dedica a recoger y conservar estos materiales es la biblioteca y,
en nuestro caso, ninguna mejor situada para llevar a cabo esta labor
que la BCC.
Claro es que supone un nuevo planteamiento en cuanto a la planificación
de esta actuación y a los recursos humanos y materiales que
a esta labor habría que dedicar, pero pensamos que se abriría
toda una vía de trabajo que podría conseguir incardinar
más y mejor a la BCC con la sociedad a la que tiene que servir.
Reseñemos, para acabar este epígrafe, que si bien
desde el punto de vista español (y en lo que se refiere al
enfoque bibliotecario de esta cuestión) la bibliografía
existente es mínima, por no decir nula, ésta es bien
fácil de encontrar en otras lenguas y países, para
aquellos profesionales que quisiesen avanzar en este campo del conocimiento
que. al fin y al cabo, no supone sino conservar, aunque en otro
formato y con otros métodos, los valores culturales y la
manera de entender la vida de unas generaciones que están
desapareciendo.
Si las BCC recogen, o lo intentan, todo lo publicado referente a
su Comunidad, en una amplia gama que va desde el tradicional libro
a las novedosas publicaciones electrónicas, no vemos razón
objetiva alguna para que no dediquen parte de sus esfuerzos a recoger
estos materiales, de suyo tan importantes para un auténtico
conocimiento de su propia realidad.
6.6 Publicaciones
electrónicas
Pese a la enorme cantidad de cuestiones y problemas que el
uso de materiales electrónicos y digitales presenta en cualquier
biblioteca actual, y en no menor medida -tal vez todo lo contrario-
en las BCC, no vamos a entrar en este artículo, de carácter
general, en la inmensa variedad de enfoques que precisa este tema
cuando lo tratamos desde el punto de vista de su incorporación
como materiales de la colección. Cuestiones como la diversidad
de soportes, el acceso a o posesión de los materiales y de
la información que conllevan, los criterios de selección,
la planificación general de su uso y tratamiento, las necesidades
cambiantes de los usuarios, cte.. todo ello configura un extenso
abanico de temas que merecen tratamiento específico y aparte.
7 Depósito
Legal y colección de materiales
De entre las diversas fuentes de aprovisionamiento para la colección
de materiales (adquisición, intercambio, donativos), el Depósito
Legal es, para las BCC, una de las más importantes, y así
queda establecido, sin excepción, en la normativa por la
que estos centros se rigen.
No vamos a plantear los más que numerosos problemas que esto
supone, en cuanto a legislación, control y proceso de recogida
de materiales, cte. (25), sino que nos centramos en los problemas
nuevos que aparecen cuando una de las crecientes vías de
incorporación de materiales viene dada por el uso de las
redes telemáticas y, más en concreto, por la posibilidad
de incorporar al fondo de la biblioteca materiales obtenidos a partir
de Internet (2G).
La primera cuestión que surge viene dada, paradójicamente,
por el hecho de la superabundancia de materiales a los que se puede
acceder, de modo que la existencia de unos claros criterios para
la selección e incorporación de estos materiales a
la colección resulta, más que necesaria, absolutamente
imprescindible; una elemental sensatez en esta cuestión indica
que en todos los casos deben prevalecer criterios de calidad frente
a los meramente cuantitativos (27).
Para Navelsaker (28), los principales criterios aplicables a la
recogida de materiales electrónicos mediante el Depósito
Legal son los siguientes:
- Que los documentos estén disponibles al público
general y que su formato original sea electrónico.
- Que los documentos puedan ser considerados de un valor permanente
para la comprensión de la sociedad actual.
Según estos criterios, Me Gowan (29) establece que las Bibliotecas
Nacionales (y las BCC, obviamente: el paréntesis es nuestro)
deben recoger materiales tales como:
a) Publicaciones electrónicas que "imitan" a las
publicaciones tradicionales (libros, periódicos, revistas).
b) Literatura interactiva.
c) Publicaciones multimedia.
d) Programas educativos de ordenador.
e) Grupos nacionales de noticias de la red; en nuestro caso, se
trataría de grupos de noticias existentes en la Comunidad
Autónoma pertinente.
f) Grupos de debate existentes en las listas de servidores.
g) Bases de datos seleccionadas
En torno a esta misma cuestión, Wille (30) propone los siguientes
criterios para el Depósito Legal de materiales electrónicos:
a) El origen nacional de las publicaciones.
b) La audiencia ala que va destinada la publicación.
c) La importancia para el patrimonio social y cultural del país.
d) Su significación e importancia para futuras investigaciones.
Fagerli, al analizar el complejo problema del manejo de documentos
electrónicos en el contexto del Depósito Legal, expone
cómo ha cambiado su propio pensamiento desde el modelo de
una Biblioteca Nacional (o, en nuestro caso, de una BCC) que proporciona
el acceso tradicional en línea hacia una variedad de bases
de datos desde una "sala electrónica de lectura".
Esta solución que sugiere refleja las preferencia de los
profesionales de la información automatizada por los sistemas
distribuidos y en red sobre los almacenes de datos centralizados,
ya que el rápido desarrollo de la Red proporciona un mecanismo
efectivo para el control nacional de la información dinámica.
Concluye Fagerli afirmando que:
a) El Depósito Legal de los documentos dinámicos debe
ser completado por las Bibliotecas Nacionales (o BCC, en nuestro
caso) mediante el acceso a los documentos.
b) Los instrumentos de acceso deben estar constituidos como páginas
de entrada (home page) internacionales y normalizadas. Esta "página
de entrada" debe hacer las funciones de archivo bibliográfico
nacional de estos documentos(31).
8 Conservación
No es éste el lugar donde exponer en profundidad el complejo
cúmulo de cuestiones que un tema como éste de la conservación
lleva anejo; nos limitamos a señalar que un buen programa
de gestión de la colección resulta incompleto si en
él falta el establecimiento de un plan de acción en
estas materias. Si partimos de que la conservación de materiales
es una de las características. por su propia naturaleza,
de las BCC, se comprenderá fácilmente la evidencia
de lo que estamos señalando.
Como mejor vía operativa, conviene pensar en la conservación
tanto desde el inicio como durante el desarrollo de la planificación
general de la colección.
Esto implica:
- La valoración, en cantidad y calidad, de los diferentes
soportes que van a ser incluidos en la colección.
- El tomar en consideración las características estructurales
y espaciales del edificio.
Sus condicionantes medioambientales y niveles de seguridad, no sólo
en lo que se refiere a la precaución ante procesos naturales
(normales o excepcionales) que puedan dañar a los materiales,
sino también en lo que respecta a la seguridad ante daños
por vandalismo, etc.
9 Expurgo
Parecerá una incongruencia que, si estamos hablando de un
tipo de bibliotecas, las BCC. que tienen una especial misión
en cuanto a la conservación de materiales, comentemos el
tema del expurgo, pero lo hacemos no desde una perspectiva teórica,
sino basados en experiencias prácticas.
Como en cualquier otro tipo de biblioteca, en las BCC se acaba conservando
toda una serie de materiales que, bien por ser duplicados, bien
por no corresponder a las líneas generales de formación
de la colección, etc., acaban no siendo más que un
peso muerto, un lastre.
Si la planificación de tina acción, continua y constante
siempre, de expurgo ya es de suyo harto agobiante en cualquier tipo
de biblioteca, la cuestión se complica enormemente en las
bibliotecas objeto de nuestra atención, pero no por ello
ha de ser soslayado este espinoso tema.
Sírvanos, de momento, su mero planteamiento como una más
de las actividades a las que hay que hacer frente cuando planificamos
el desarrollo de la colección
10 Conclusión
Podríamos resumir brevemente lo hasta aquí expuesto
diciendo que si las Bibliotecas Centrales de Comunidades Autónomas
saben hacer frente a los retos que plantea la sociedad de la información,
definiendo adecuadamente cuáles son las misiones y tareas
que les corresponden en un panorama el de la información,
que cambia día a día y adaptándose adecuadamente
a esos cambios, de modo que su colección de materiales. tanto
en los elementos que la constituyen como en cuanto a su gestión,
sea una auténtica herramienta de adaptación a los
nuevos soportes y vías de acceso a las nuevas tecnologías,
tienen evidentemente un más que envidiable futuro.
Adaptarse inteligentemente a estos cambios supone convertir las
debilidades en fortalezas y transformar las amenazas en oportunidades.
Así sea.
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19. FUENTES ROMERO. J. J. Evaluación de bibliotecas y de
servicios de documentación e in/órmación. Gijón
(Asturias): Trea, 1999.
20. Es de justicia reseñar que existen notables excepciones
en cuanto a las colecciones de manuscritos, raros, cte.. de alguna
que otra Biblioteca Central de Comunidad Autónoma; sirva
como ejemplo el caso de la novísima, por sus instalaciones,
y ejemplar Biblioteca Valenciana
21. PABI: http://www.mcu.es/ccpb/index.html.
22. Centro Nacional de Información Geográfica: http://www.cnig.es/cimpr.htm,
23. Servicio Geográfico del Ejército. Publicaciones
en : http://www.mde.es/urde/public/publica/pdf/alfabetico.pdf.
24. Instituto Geográfico de la Marina: http://www.armada.mde.es/ihm/espa/catalog.htm
25. Para ahondar en estas cuestiones resulta enormemente provechosa
la monografía del profesor José Antonio Cordón
García: El registro de la memoria. Las Bibliografías
Nacionales y el Depósito Legal. Gijón (Asturias):
Trea, 1997.
26. Sobre este tema del Depósito Legal y el Copyright de
los materiales existentes en la Red o en formato electrónico
fuera de ella resulta interesante consultar el informe que el Deparment
for Culture, Media and Sport del Reino Unido encargó a la
National Grid for Learning; este organismo contituyó la Library
and Information Comission, que elaboró el informe Nex, Library.
The People's NetworA; este informe supone la posición del
gobierno británico sobre estas cuestiones y cuya consulta
aconsejamos. Ver en: http://www.ukoin.ac,uk/services/lic/newlibrary/litml
27. YIP, K. F. Selecting Internet resources. En: The Electronic
Library, 15, 2 p. 91-108
28. NAVELSAKER, T. Selection criteria/seope for Legal Deposit of
electronie documents. En: Legal Deposit, with special reference
to the archiving of elecoonic materials. Helsingfors: NORDINFO,
1995.
29. Me GOWAN, op. cit., p. 28.
30. WILLE, N. E. Legal Deposit of electronic publications: questions
of scope and criteria for selection. Helsingfors: NORDINFO, 1995
(BLR&DD Report 6197). p. 64-80.
31. FAGERLI, H. M. Access to electronic dynamics documents: a solution
to the Legal Deposit problem. Helsingfors: NORDINFO, 1995 (BLR&DD
Report 6197, p. 108-118). Citado por Mc Gowan, op. ciu, p. 30).
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